
El español tiene un obstáculo menos en su acentuación: el acento gráfico y sus reglas de uso. Con su ayuda saben todos ―tanto los propios hispanohablantes como los estudiantes de español― en qué sílaba acentuar una palabra. En otras lenguas en las que no existe esta ayuda gráfica, como en alemán e italiano, la falta de este signo «totalmente práctico» dificulta a los estudiantes acentuar (y por tanto, pronunciar) una palabra correctamente. Sin embargo, siendo bendición es maldición al mismo tiempo. La maldición de seguir unas «sumamente complicadísimas» reglas de acentuación (= de poner tilde). ¿Qué he dicho? ¿Tan complicado es? ¡Qué va! Todo lo contrario. Estas reglas son facilísimas y con muy pocas excepciones. Vamos a repasar las tres reglas más importantes, siguiendo los tres grupos de palabras según la posición del acento prosódico. Estas reglas nos servirán de guía para cualquier palabra, por desconocida, larga o enigmática que esta sea:
(Antes de empezar, déjenme explicar la diferencia entre «acento» y «tilde», ya que, con frecuencia, se confunden.
a. Acento: todas las palabras tienen acento, esto es, una sílaba de la palabra que destaca por estar pronunciada con más fuerza vocal que las demás sílabas. Este acento también es llamado «acento prosódico».
b. Tilde: la tilde es el signo ortográfico que se pone encima de la vocal de la sílaba tónica en palabras que se salen de las reglas citadas más abajo. También llamado «acento gráfico».)
1. Palabras agudas u oxítonas: tienen el acento en la última sílaba. Son las palabras que terminan en consonante (excepto en -n o -s): ordenador, regaliz. Las terminadas en -n, -s o vocal con acento prosódico en la última sílaba reciben tilde: menú, camión.
2. Palabras llanas, graves o paroxítonas: aquellas que tienen el acento en la penúltima sílaba. Terminan en vocal, -n o -s. Las que terminan en otra consonante reciben tilde: módem, diésel.
3. Palabras esdrújulas o proparoxítonas: con el acento en la antepenúltima sílaba. Siempre llevan tilde. Igual que las sobresdrújulas, aunque es un grupo minúsculo, solo formado por el imperativo con dos pronombres átonos enclíticos: díga(n)selo, mándamelo.
Sin embargo, los adverbios en -mente son un grupo interesante: únicas palabras con dos acentos por estar compuestas de dos palabras antiguamente independientes (adjetivo en femenino + mente). La primera mantiene su acento invariado (rápida, total) y la segunda es una palabra llana acabada en vocal. De esta manera, «rápidamente» no es una palabra «supersobresdrújula», sino compuesta de una esdrújula y otra llana. Como se habrá dado cuenta, lo que se dice es [rápidaménte], pero la gramática española prohíbe la presencia de dos tildes en una misma palabra (además, «mente», como ya he mencionado, sigue la norma de las palabras llanas).
En conclusión: «totalmente práctica» es esta regla para los adverbios. «Totalmente» posee dos acentos [totál]+[ménte] siendo un adverbio de los descritos más arriba. No es una palabra esdrújula: *[totálmente]. Y como sus dos constituyentes siguen las reglas de acentuación, un adjetivo agudo acabado en consonante + un sufijo llano acabado en vocal, no hay nada más práctico que tenerlas en cuenta y alegrarse de su existencia, ¡siempre y cuando haga falta!

Bueno, para mí es muy importante saber la historia del español. Es lo mejor de todo, o sea, güey. Esa es mi respuesta.
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