Cuando alguien profiere con gran escándalo esta frase, quiere decir que algo va contra el «sentido común» de su comprensión lingüística. Este puede ser el caso ante las palabras siguientes:
murciégalo, miraglo, crocodilo, árbor, mármor, toballa, enjaguar, guirlanda, in flagranti.
¡Ninguna de estas palabras está «mal dicha»! Nada más lejos de la realidad. Es más: ¿quién puede presumir de estar en el poder/derecho de decir a los demás cómo tienen que hablar?
En cuanto a las formas de las palabras citadas más arriba, la verdad es que hoy día apenas se dicen ya, pues se consideran anticuadas, pero nunca «mal dichas». Para los aficionados del Diccionario de la Real Academia Española: todas estas palabras están presentes en él.
¿Por qué? Si sigues leyendo un poco, te lo explicaré:
Lo primero que hay que tener en cuenta que somos los hablantes de una lengua los que deci(di)mos cómo se habla. Hoy día existe una política lingüística que impone una variedad lingüística como lengua estándar, esperando que todos la hablen y considerando las demás variedades formas corruptas de la primera.
Para ilustrar «lo mal que hablaban» los castellanohablantes sirven ejemplos de arriba. En realidad, todas estas formas son las originales, es decir, las que dieron lugar a las formas actuales: murciélago, milagro, enjuagar, toalla, cocodrilo, árbol. ¿Y eso cómo ocurrió? Mediante metátesis (término que proviene del griego μετάθεση: μετά- = trans-, θέση = posición, esto es, la confusión o transposición [cambio de lugar] de las consonantes de una palabra). Los castellanohablantes eran «los reyes de la metátesis»; les daban unas vueltas a las palabras y las letras que parecían acróbatas, vamos.
Ejemplos:
- El animal tan curioso como archifamoso por contener las 5 vovales españolas, «murciégalo», se compone de las palabras [lat.] «mur» (ratón) + «cieg[o]» (que no ve) + «(con) alas» (que vuela)[1];
- «miraglo» proviene de lat. «miraculum»;
- «crocodilo» de «crocodilus» (y este del griego κροκόδειλος);
- «árbor» de lat. «arbor, -ŏris»; el caso de «mármor» es el mismo;
- «toballa» del germánico «*thwahljô»;
- «enjaguar» deriva de «agua», es decir, «enjuagar con agua»[1, 2];
- «guirlanda» es la forma original de «guirnalda» (compárese con el francés guirlande, alemán Girlande [del francés] e inglés garland); igualmente que
- «in flagranti» es la versión original de «in fraganti», locución adverbial que procede del latín/italiano in flagranti [delicto/delitto] y que quiere decir en flagrante [delito], es decir, en el momento en que se comete (un crimen)[1].
¿Por qué estas formas siguen en el diccionario?
Primero, porque aún se dicen así en varias zonas de España[3] y, segundo, porque la RAE es conservadora, tan conservadora que, incluso, conserva las formas originales, de las que derivaron las formas actuales.
Lo mismo (la metátesis) ocurrió con muchas más palabras, por supuesto, pero estas ya no cuentan con su forma original en el DRAE; veamos más ejemplos:
- *parabla (de lat. parabola, y este del griego παραβολή),
- *periglo (de lat. periculum).
Curioso es que esta alteración de consonantes, era obra, casi exclusivamente, de los castellanohablantes, pues en las demás lenguas romances las palabras se conservaron más cercanas a su étimo latino:
- catalán, francés: miracle, italiano: miracolo, pericolo;
- catalán: paraula, francés: parole, italiano: parola.
Aunque sí, algunos cambios ya se habían dado en el latín hablado, por lo que «coc(c)odril(l)o» se encuentra también en otras lenguas romances, y «palavra», por ejemplo, se dice también en portugués.
Y esto siempre ha sido así; también en los tiempos de los antiguos romanos. En «el Appendix Probi, texto datable quizás en el siglo IV de nuestra era y que ha llegado hasta nosotros en un manuscrito copiado en el siglo VIII. Es una lista de pronunciaciones vulgares de palabras latinas, antecedidas de la pronunciación correcta. Veamos algunos de esas correcciones:
- speculum non speclum
- oculus non oclus
- tabula non tabla
- mensa non mesa
- rivus no rius».[4] (Se perdieron las letras que casi no se pronunciaban.)
Si no se hubieran dado estos cambios fonéticos, no hubieramos llegado nunca a las formas actuales: «speclum» > espejo, «oclum» > ojo, tabla, mesa, «rius» > río.
Conclusión: Lo que hoy día está «mal dicho», el día de mañana puede estar «bien dicho».
Bibliografía
- Diccionario de la Real Academia Española. En línea: www.rae.es. Última consulta: 29/11/08.
- Литвиненко, Е. В. [Litvinenko, E. V.]: История испанского языка – Historia de la lengua española. Киев [Kiev], 1983.
- Buitrago, A., Torijano, J. A.: Diccionario del origen de las palabras. Espasa, Madrid, 2000. P. 342.
- Moreno Cabrera, J. C.: La dignidad e igualdad de las lenguas. Crítica de la discriminación lingüística. Alianza Editorial. Madrid, 2000. P.152.
